.- Jean Carlos Barreto S.
Ya perdí la cuenta de los años que tenía sin estudiar hasta que en este año 2016 en sus inicios, en un despertar de tantas mañanas decidí dejar aspectos que hacían de mi persona profesionalmente hablando un docente que cumple el trabajo indicado pero sin la satisfacción deseada. En muchas ocasiones me vi dos o tres horas después de mi horario de clases aún en la institución donde laboro realizando actividades que no influyen directamente en el alumnado (administrativo); no me molesta el tipo de acción, porque si manejamos la escuela como una empresa hay que entender que hay que trabajar en función de ella, porque de no ser así los resultados nos afecta directa o indirectamente a todas las personas que integran nuestra comunidad educativa.
Durante los periodos o años escolares 2013 – 2014, 2014 – 2015 fui Coordinador de Nivel I y II; lo que francamente puedo decir como experiencia, es que en la actualidad con niños y adolescentes con una alta influencia externa (redes sociales, tecnología, deterioro del leguaje, hogares disfuncionales, entre otras cosas), no fue fructífera, ni productiva, carente de logros personales; ya que las coordinaciones manejadas eran atiborradas de trabajos administrativos dejando de lado lo necesario “tiempo para el estudiante y así ver las fallas que lo llevaron a su poco o nulo rendimiento académico”. Algo importante que acotar era el estar seguro si realmente fue una decisión acertada lo cual no lo fue. Bastó el vivir esa experiencia para darme cuenta que lo que realmente se hacer, no lo podía hacer desde un escritorio de una oficina, sino afuera en la cancha, en los pasillos, en la clase, o lugares donde el estudiante no estuviera predispuesto a un llamado de atención cuando lo que realmente quería era orientarlo, rescatarlo de la situación que lo incomodaba.
Me fortalece que actualmente observo a mis colegas que al cumplir su rutina de trabajo dejaron de cumplir aquel rol de la vieja educación “solo transmito conocimiento y usted estudiante se encarga de reproducir lo indicado” para pasar a algo peor, a ser un educador: 1) Que cumple el horario de clases, 2) Que eligieron la carrera solo por el factor económico, 3) Que aprovechan la especialidad para marcar o traumar al estudiante; tres aspectos que para mi criterio tienen mayor preponderancia en la educación. Situaciones que me alentaron a cambiar entre otras cosas mi rumbo en la educación y formación del ser humano.
El iniciar esta nueva etapa de mi formación profesional con la Maestría “Orientación Educativa” nace de la principal fortaleza que tengo y es la de ayudar a las personas, a los estudiantes, aquellos con conflictos de los cuales necesitan actualmente un docente más humano para así hacer del proceso enseñanza – aprendizaje más cercano, intimo, significativo, con orgullo hago una retrospectiva y observo que en años pasados ayude a muchos estudiantes que hoy por hoy en el camino que eligieron están dando frutos en sus metas trazadas, y aún más el placer que me causa el saludarle y que su palabra sea de agradecimiento por haber influido en ellos solo con un granito de arena, una mano en el hombro, sentarse a conversar con ellos en resumen “escuchar”.
Durante los periodos o años escolares 2013 – 2014, 2014 – 2015 fui Coordinador de Nivel I y II; lo que francamente puedo decir como experiencia, es que en la actualidad con niños y adolescentes con una alta influencia externa (redes sociales, tecnología, deterioro del leguaje, hogares disfuncionales, entre otras cosas), no fue fructífera, ni productiva, carente de logros personales; ya que las coordinaciones manejadas eran atiborradas de trabajos administrativos dejando de lado lo necesario “tiempo para el estudiante y así ver las fallas que lo llevaron a su poco o nulo rendimiento académico”. Algo importante que acotar era el estar seguro si realmente fue una decisión acertada lo cual no lo fue. Bastó el vivir esa experiencia para darme cuenta que lo que realmente se hacer, no lo podía hacer desde un escritorio de una oficina, sino afuera en la cancha, en los pasillos, en la clase, o lugares donde el estudiante no estuviera predispuesto a un llamado de atención cuando lo que realmente quería era orientarlo, rescatarlo de la situación que lo incomodaba.
Me fortalece que actualmente observo a mis colegas que al cumplir su rutina de trabajo dejaron de cumplir aquel rol de la vieja educación “solo transmito conocimiento y usted estudiante se encarga de reproducir lo indicado” para pasar a algo peor, a ser un educador: 1) Que cumple el horario de clases, 2) Que eligieron la carrera solo por el factor económico, 3) Que aprovechan la especialidad para marcar o traumar al estudiante; tres aspectos que para mi criterio tienen mayor preponderancia en la educación. Situaciones que me alentaron a cambiar entre otras cosas mi rumbo en la educación y formación del ser humano.
El iniciar esta nueva etapa de mi formación profesional con la Maestría “Orientación Educativa” nace de la principal fortaleza que tengo y es la de ayudar a las personas, a los estudiantes, aquellos con conflictos de los cuales necesitan actualmente un docente más humano para así hacer del proceso enseñanza – aprendizaje más cercano, intimo, significativo, con orgullo hago una retrospectiva y observo que en años pasados ayude a muchos estudiantes que hoy por hoy en el camino que eligieron están dando frutos en sus metas trazadas, y aún más el placer que me causa el saludarle y que su palabra sea de agradecimiento por haber influido en ellos solo con un granito de arena, una mano en el hombro, sentarse a conversar con ellos en resumen “escuchar”.
El proceso introductorio dio una estocada final en la pregunta que a susurros nos hacemos y es si realmente fue una decisión acertada, pues es visto que si y dará a conocer las herramientas necesarias para dar un cambio rotundo en la institución donde laboro haciendo de esto una ola lo suficientemente fuerte que sacuda a estos formadores de vida, permitiéndoles darse cuenta que dependemos de estos profesionales en un futuro no muy lejano y que nuestros intereses particulares no pueden estar inmersos en el proceso educativo, que despierten y que realmente comprenda que deben permitirse disfrutar de la profesión que eligieron, dar un servicio de calidad, que se comprometan con lo que hacen.
En una oportunidad aprendí que un líder no es aquel que le dice a sus subalternos que hacer mientras observa, el líder es aquel que esta codo a codo contigo lo que llamamos la horizontalidad en el proceso educativo donde se involucre la sociedad, la familia y la institución educativa. Vivimos tiempos de inviernos muy helados pero que del cual solo nos queda una sola cosa “dar la milla extra por lo que se quiere” y si “realmente estas dispuesto a dar resultados en lo que te preparaste sino deben hacerse a un lado porque aún hay educadores que si quieren”.
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